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Vivir

Enviado por Felipe Contreras el 24/03/2010 a las 09:25 AM

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito,

repitiendo todos los días los mismos trayectos,

quien no cambia de marca,

no arriesga vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.


Muere lentamente quien evita una pasión,

quien prefiere el negro sobre blanco,

los puntos sobre las "íes" a un remolino de emociones,

justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos,

corazones a los tropiezos y sentimientos.


Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo,

quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de un sueño,

quien no se permite por lo menos una vez en la vida, huir de los consejos sensatos.


Muere lentamente quien no viaja,

quien no lee,

quien no oye música,

quien no encuentra gracia en sí mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio,

quien no se deja ayudar.


Muere lentamente,

quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.


Muere lentamente,

quien abandona un proyecto antes de iniciarlo,

no preguntando de un asunto que desconoce o no respondiendo cuando le indagan

sobre algo que sabe.


Evitemos la muerte en suaves cuotas,

recordando siempre que estar vivo exige un esfuerzo mucho mayor

que el simple hecho de respirar.

 

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2010

Enviado por Felipe Contreras el 07/01/2010 a las 01:40 PM

"Mi Blog lo escribo para mis hijos, para que un día pueda leer quien era, que hacía, que pensaba y cuales eran mis certezas y contadicciones". Así describió un amigo frente a otro que le preguntaba porque escribir de manera tan personal en un blog. La frase me quedó dando vueltas. Hoy también escribiré desde allí, desde lo que fue este 2009 que laboralmente aún no acaba.   

El 2009 fue un año contradicciones. Un hermoso año de vivir intensamente el proceso de estar y de ser.

Fue un año duro. Mi separación matrimonial fue dolorosa, intensa, sufrida y también llena de descubrimientos.

Muchas veces el caminar no es como lo imaginamos, sin embargo, a veces a patadas y reflexiones duras (muy bien dadas por quienes te quieren) logran que vuelvas a gatear, a caminar, a trotar e incluso a correr. Hoy día corro. Con heridas y sustos, pero corro y troto al fin. Tengo claro, que al igual que mis legamentos y meniscos rotos,  la cojera sentimental me acompañará siempre. Debo procurar cuidarla, no por que alguna vez se haya roto, sino, al igual que las rodillas, para poder seguir corriendo.  (Continúa)

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Argentina - Maradona

Enviado por Felipe Contreras el 16/10/2009 a las 03:58 PM

Un gran amigo me mandó a visitar el artículo de Gabriel Jefferies en su blog. Gabriel es un argentino que hace una crítica frente al desespero que hemos visto en Diego Maradona en los últimos dias.

Le tengo un gran aprecio y amor al pueblo argentino y quizás por ello, por el esfuerzo, lucha, ganas de salir adelante que he conversado con cientos de ellos es que esta nota me ha marcdo profundamente. 

Les recomiendo leer este artículo que muestra cabalmente un análisis entre la actitud de Maradona y lo que Argentina no quiere de Argentina.

CARTA ABIERTA A MARADONA

Señor Maradona:

Tengo una inevitable necesidad de manifestar cuánto dolor, cuánta pena, cuánta decepción me da haberlo visto celebrar de esa forma, la paupérrima clasificación de Argentina al Mundial de Fútbol de Sudáfrica.

Necesito decírselo Maradona, porque el día de ayer, algo se rompió dentro mío. O terminó de romperse.

Yo crecí viéndolo y admirándolo. Tenía 4 años en el mundial 78. Lo vi sufrir en el 82. Celebré como todo argentino en las calles, cuando su destreza única, talento regalado por Dios, condujo a nuestro país a obtener su segundo título. Y fue gracias a usted.

Sufrí con usted en Italia, con cada patada, con cada codazo, con cada foul, y en cada definición por penales. Lloré amargamente en Estados Unidos, ese 1994. Y así he seguido su trayectoria. No soy futbolista. No juego bien al fútbol ni en un picado de barrio. Pero sé admirar a un buen jugador. Y fundamentalmente, soy Argentino. Y me encanta ser Argentino. Amo a mi país. Y a mi gente.

Por eso me duele tanto verlo a usted celebrar una clasificación que todos sabemos, incluso usted que fue mediocre. Es más, deficiente. Pero no me duele eso. Me duele verlo a usted. Me duele ver a lo que ha llegado. Me duele verlo enajenado, desaforado y fuera de sí, insultando a quien se ponga por delante. Usted argumentará que es parte de su coherencia, que siempre fue igual. Pero a mi me duele. Me duele, porque esa incapacidad de mirar hacia adentro y ver si realmente hay algo que debe ser cambiado, es la misma incapacidad que tenemos como país, Maradona.

Usted, y me duele mucho decirlo, es Argentina. Es la personificación de la decadencia misma a la que hemos llegado. Ahogados en nuestra soberbia. Incapaces de darnos cuenta que tal vez estemos equivocados, y que un poco de humildad nos permita cambiar, y ocupar el lugar que sí merecemos, ese que sí somos capaces de alcanzar pero no con el resentimiento, sino con la gambeta, con destreza, con trabajo, con esfuerzo. Igual que usted cuando era un pibe.

Sabe qué Maradona? Yo no soy una dama, ni soy periodista. Ni soy de los que lo critican siempre. Pero sus insultos ayer, me insultaron a mí. A mis hijos. A mi dignidad. A mi argentinidad. Me dio una profunda vergüenza que mis hijos lo vieran de esa forma. Me imagino que si lo mira dos veces, también le dará vergüenza que sus hijas lo vean insultar así. ¿Es realmente la forma de dirigir el destino futbolístico de un país? ¿Se cree capacitado para eso?

Probablemente usted jamás leerá esta carta. Probablemente si la lea, me denostará. Probablemente alguien, como suele ocurrir en mi país, me patoteará. Pero me siento en la obligación de decir Basta. Usted necesita insultar, yo necesito decir esto. Hasta ayer, yo hablaba del Diego. Le hablaba a usted de VOS. Lo sentía mío. Como todos los argentinos. Pero ayer me di cuenta, como tantas veces me ha pasado con Argentina, que ya no es mío. Por eso lo trato de usted, porque usted no me pertenece más.

En tanto no sea capaz de asumir sus faltas, sus culpas, y la profunda herida que ha causado en mucha más gente de la que usted imagina (no sólo damas y periodistas), usted seguirá siendo usted. Es muy probable que no le importe. Que piense que esto se olvidará con un campeonato mundial, o con cualquier despilfarro pirotécnico que equivale a los espejitos de colores con los que hace más de 500 años nos vienen engañando todos los que pretenden dirigir una parte de este país. Pero no señor Maradona. Esta vez no. Le pido a Dios por usted. Para que pueda abrir los ojos. Pedir perdón, a veces nos hace más grandes que hacer un gol con la mano.

Ojalá que lo piense.

Gabriel Jefferies.
Argentino

 

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