Un gran amigo me mandó a visitar el artículo de Gabriel Jefferies en su blog. Gabriel es un argentino que hace una crítica frente al desespero que hemos visto en Diego Maradona en los últimos dias.
Le tengo un gran aprecio y amor al pueblo argentino y quizás por ello, por el esfuerzo, lucha, ganas de salir adelante que he conversado con cientos de ellos es que esta nota me ha marcdo profundamente.
Les recomiendo leer este artículo que muestra cabalmente un análisis entre la actitud de Maradona y lo que Argentina no quiere de Argentina.
CARTA ABIERTA A MARADONA
Señor Maradona:
Tengo una inevitable necesidad de manifestar cuánto
dolor, cuánta pena, cuánta decepción me da haberlo visto celebrar de
esa forma, la paupérrima clasificación de Argentina al Mundial de
Fútbol de Sudáfrica.
Necesito decírselo Maradona, porque el día de ayer, algo se rompió dentro mío. O terminó de romperse.
Yo
crecí viéndolo y admirándolo. Tenía 4 años en el mundial 78. Lo vi
sufrir en el 82. Celebré como todo argentino en las calles, cuando su
destreza única, talento regalado por Dios, condujo a nuestro país a
obtener su segundo título. Y fue gracias a usted.
Sufrí con
usted en Italia, con cada patada, con cada codazo, con cada foul, y en
cada definición por penales. Lloré amargamente en Estados Unidos, ese
1994. Y así he seguido su trayectoria. No soy futbolista. No juego bien
al fútbol ni en un picado de barrio. Pero sé admirar a un buen jugador.
Y fundamentalmente, soy Argentino. Y me encanta ser Argentino. Amo a mi
país. Y a mi gente.
Por eso me duele tanto verlo a usted
celebrar una clasificación que todos sabemos, incluso usted que fue
mediocre. Es más, deficiente. Pero no me duele eso. Me duele verlo a
usted. Me duele ver a lo que ha llegado. Me duele verlo enajenado,
desaforado y fuera de sí, insultando a quien se ponga por delante.
Usted argumentará que es parte de su coherencia, que siempre fue igual.
Pero a mi me duele. Me duele, porque esa incapacidad de mirar hacia
adentro y ver si realmente hay algo que debe ser cambiado, es la misma
incapacidad que tenemos como país, Maradona.
Usted, y me duele
mucho decirlo, es Argentina. Es la personificación de la decadencia
misma a la que hemos llegado. Ahogados en nuestra soberbia. Incapaces
de darnos cuenta que tal vez estemos equivocados, y que un poco de
humildad nos permita cambiar, y ocupar el lugar que sí merecemos, ese
que sí somos capaces de alcanzar pero no con el resentimiento, sino con
la gambeta, con destreza, con trabajo, con esfuerzo. Igual que usted
cuando era un pibe.
Sabe qué Maradona? Yo no soy una dama, ni
soy periodista. Ni soy de los que lo critican siempre. Pero sus
insultos ayer, me insultaron a mí. A mis hijos. A mi dignidad. A mi
argentinidad. Me dio una profunda vergüenza que mis hijos lo vieran de
esa forma. Me imagino que si lo mira dos veces, también le dará
vergüenza que sus hijas lo vean insultar así. ¿Es realmente la forma de
dirigir el destino futbolístico de un país? ¿Se cree capacitado para
eso?
Probablemente usted jamás leerá esta carta. Probablemente
si la lea, me denostará. Probablemente alguien, como suele ocurrir en
mi país, me patoteará. Pero me siento en la obligación de decir Basta.
Usted necesita insultar, yo necesito decir esto. Hasta ayer, yo hablaba
del Diego. Le hablaba a usted de VOS. Lo sentía mío. Como todos los
argentinos. Pero ayer me di cuenta, como tantas veces me ha pasado con
Argentina, que ya no es mío. Por eso lo trato de usted, porque usted no
me pertenece más.
En tanto no sea capaz de asumir sus faltas,
sus culpas, y la profunda herida que ha causado en mucha más gente de
la que usted imagina (no sólo damas y periodistas), usted seguirá
siendo usted. Es muy probable que no le importe. Que piense que esto se
olvidará con un campeonato mundial, o con cualquier despilfarro
pirotécnico que equivale a los espejitos de colores con los que hace
más de 500 años nos vienen engañando todos los que pretenden dirigir
una parte de este país. Pero no señor Maradona. Esta vez no. Le pido a
Dios por usted. Para que pueda abrir los ojos. Pedir perdón, a veces
nos hace más grandes que hacer un gol con la mano.
Ojalá que lo piense.
Gabriel Jefferies.
Argentino














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