Eduardo Arriagada, escribió una columna, a raíz de una conferencia realizada para alumnos de comunicación de la PUC, en el diario "El día" que me gustó mucho puesto me permite mirar que es lo que otros concluyen de una charla 2.0 realizada.
La comparto con ustedes.
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En Las Compañías o en la Quinta Avenida es lo mismo por internet
La semana pasada me tocó participar en una excelente charla sobre el mundo 2.0 del que hablamos cada semana en esta columna. El charlista era Felipe Contreras un emprendedor de estos espacios digitales que, actualmente, se mueve desde su empresa Gulliver.
Me gustó su forma de presentar lo que viene. Fue claro en insistir que lo relevante no es la tecnología sino el cambio que se está produciendo en la mayor parte de ustedes, los que hasta hace pocos años nosotros, los periodistas, llamábamos lectores. Mostraba que lo 2.0 es básicamente un fenómeno social por el cual una mayoría que no era más que simples consumidores de información, a partir de un momento, que comienza por el año 2005, se transforman progresiva y masivamente en consumidores/activistas que colaboran con otros aprovechando la red y participan subiendo sus propios contenidos. El resultado es un espacio mucho más horizontal, donde nos encontramos los periodistas de siempre con los que antes eran nuestra audiencia en una nueva relación de igualdad, entendiendo que el espíritu colaborativo crecientemente dominante nos conviene a todos.
Creo que ejemplificó lo que viene con el caso de un niño de 12 años de
Pichilemu, que ya tenía amigos en Londres porque jugaba WOW (Word of
Warcrafts, uno de los juegos más convocantes que se encuentran hoy en
la red). Una de las gracias de este mundo es que ya no hay que hallarse
en Nueva York (o Santiago) para estar al día de lo que nos interese, en
cualquier punto de la red tenemos todo el acceso a los blogs de las
personalidades, a las presentaciones y powerpoints de los gurús que
venían esporádicamente a nuestro país, ahí mismo están todas las
películas, videos, libros y canciones que se nos ocurran.
Pero no todo es alegría. Felipe advirtió que la nueva situación que
llevaba el poder desde las empresas a las personas tenía costos
sociales. Había un estrés importante sobre las empresas tradicionales,
en especial sobre las carreras profesionales estables. La nueva
situación obligaba a entender que nuestras competencias profesionales
se enfrentaban a un estado de caducidad permanente que nos obligaba a
poder reinventarnos.















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