
Pese a que las visitas a mis post de política suelen tener menos de la mitad de lecturas que los otros, insistiré en escribir de esto dado que me importa.
Encontré este post publicado por Cristóbal Bellolio, un gran líder joven de la Alianza por Chile donde plantea una reflexión que me pareció de acertadísimo nivel, y que representa claramente lo que nos pasa a cientos, miles, millones de chilenos. (Vale para los de aqui, de allá, de más allá, de más acá, de la periferia y del margen)
Gracias por la reflexión Cristóbal.
Renuncia de Longueira: El cambio empieza por casa
Por Cristóbal Bellolio
Carla tiene 20 años y no entiende qué ocurre. Juan Andrés va camino a los 26, y está convencido de que esta es una nueva estratagema de la UDI para aserrucharle el piso a Piñera. Elena, de 30, piensa que RN no debió provocar. Marcelo, con 36 recién cumplidos, simplemente perdió la paciencia. ¿Quién tiene la razón? ¿A quién debemos escuchar?
La renuncia de Longueira al comando del candidato de la Alianza, gatillada según el gremialismo por la señal explícita del partido aliado de competir seriamente en el distrito 21 en la próxima parlamentaria, nos retrotrae a la clásica dinámica infantil del “tú empezaste primero”. Lo cual no deja de ser sorprendente a estas alturas. Cada vez que escribo pidiendo espacio para las nuevas generaciones, la respuesta que llega desde las alturas apela a la “experiencia” de los “perros viejos” de la política. Ellos “saben lo que están haciendo”. ¿Me están hablando en serio? ¿Se puede pretender llegar a La Moneda cometiendo los mismos errores de siempre?
El episodio actual no reviste ninguna trascendencia mayor si no fuera porque revela que no existe una auténtica unidad de propósito en torno al proyecto político 2010-2014. Sólo así se entiende que el senador insignia de la UDI abandone la campaña presidencial para asumir la jefatura de una campañita a diputado. O nos tragamos la rabia y demostramos generosidad con miras a un fin mayor, o seguimos jugando como quinceañeras vengativas. Lo mismo va para RN: O asumimos los costos formales de llevar al candidato presidencial, o insistimos en dar la pelea chica y majadera.
El asunto de fondo es demasiado evidente. La Alianza propone un cambio para Chile. Una narrativa coherente, emulando a Obama, debiese interpelar a los propios chilenos a que cambien. Pero aun más urgente es que los líderes de la Alianza cambien su proceder político. El verdadero cambio implica aceptar que “algo estamos haciendo mal”, para luego sufrir voluntaria y conscientemente ciertas pérdidas asociadas al cambio. En ese reconocimiento está el punto de partida para girar hacia donde queremos estar. Y honestamente, no lo veo por ninguna parte. Todos encuentran la manera de explicar su actuación, nadie asume responsabilidades. Algunos están tan apernados que sólo saben culpar al vecino. No es una lógica sustentable.
La campaña de Piñera se encuentra en un momento decisivo. El escenario es distinto. Hay algunos que creen que no hay que moverse mucho porque podemos llegar a diciembre con el “vuelito” de la enorme diferencia que el empresario le había sacado a todos sus contendores. Otros creemos todo lo contrario: Que llegó la hora de dar un golpe de timón y de asumir riesgos. De hacer ajustes internos corajudos contra toda obstinación. De buscar una cancha y salir a ganar. Pero sin cambios reales en la mentalidad de la Alianza, Carla, Juan Andrés, Elena y Marcelo, junto a otros millones de jóvenes, tendrán que esperar la jubilación de toda una generación que no fue capaz en dos décadas de abandonar la pubertad.















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