Este año también ha sido uno de los años más productivos que he tenido.
Ha sido un año lleno de ventas, ejecución, crecimiento de equipos, viajes, serenidad y los más diversos e innovadores proyectos.
Agradezco todo lo que he aprendido de mis clientes, pese a muchas veces meter la pata y dejarme vencer por rabietas propias de operaciones y metodologías complejas.
Agradezco en especial a los nuevos y también con mucho afecto a quienes ya tenemos algunos años de trabajo conjunto.
En este tiempo parte de la reflexión que ha orientado mi accionar tiene que ver con estar compromteido con que seamos capaces de pasar de un Punto A, a un Punto B.
Les doy las gracias por permitirme hacer eso con ustedes, con sus organizaciones, y por sobre todo por la cantidad de veces que mis clientes sin necesariamente haberlo diseñado me hicieron pasar de A a B.
Para ello les dejo un cuento del un Libro que se llama: La culpa es de la Vaca.....
“Un sabio maestro paseaba por un bosque con su fiel discípulo, cuando vio a lo lejos un sitio de apariencia pobre, y decidió hacer una breve visita al lugar. Durante la caminata le comentó al aprendiz sobre la importancia de las visitas, también de conocer personas y las oportunidades de aprendizaje que tenemos de estas experiencias.
Llegando al lugar constató la pobreza del sitio, los habitantes, una pareja y tres hijos, la casa de madera, vestidos con ropas sucias y rasgadas, sin calzado. Entonces se aproximó al señor, aparentemente el padre de familia y le preguntó:
- En este lugar no existen posibilidades de trabajo ni puntos de comercio tampoco ¿Cómo hacen usted y su familia para sobrevivir aquí?
El señor calmadamente respondió:
- Amigo mío, nosotros tenemos una vaquita que nos da varios litros de leche todos los días. Una parte del producto la vendemos o lo cambiamos por otros géneros alimenticios en la ciudad vecina y con la otra parte producimos queso, cuajada, etc., para nuestro consumo y así es como vamos sobreviviendo.
El sabio agradeció la información, contempló el lugar por un momento, luego se despidió y se fue.
En el medio del camino, volteó hacia su fiel discípulo y le ordenó:
-¡busca la vaquita, llévela al precipicio y empújala al barranco!
El joven espantado vio al maestro y le cuestionó sobre el hecho de que la vaquita era el medio de subsistencia de aquella familia. Como percibió el silencio absoluto del maestro, fue a cumplir la orden. Así que empujó la vaca por el precipicio y la vio morir. Aquella escena quedó grabada en la memoria de aquel joven durante algunos años.
Un día el joven resolvió abandonar todo lo que había aprendido y regresar a aquel lugar y contarle todo a la familia, pedir perdón y ayudarlos. Así lo hizo, y a medida que se aproximaba al lugar veía todo muy bonito, con árboles floridos, todo habitado y algunos niños jugando en el jardín. El joven se sintió triste y desesperado imaginando que aquella humilde familia tuviese que vender el terreno para sobrevivir, aceleró el paso y llegando allá, fue recibido por un señor muy simpático, al cual le preguntó por la familia que vivía allí hace unos cuatro años, el señor respondió que seguían viviendo allí.
Espantado el joven entró corriendo a la casa y confirmó que era la misma familia que visitó hace algunos años con el maestro. Elogió el lugar y le preguntó al señor (el dueño de la vaquita): Cómo hizo para mejorar este lugar y cambiar de vida?
-El señor entusiasmado le respondió: nosotros teníamos una vaquita que cayó por el precipicio y murió, de ahí en adelante nos vimos en la necesidad de hacer otras cosas y desarrollar otras habilidades que no sabíamos que teníamos, así alcanzamos el éxito que sus ojos ven ahora”
A veces la comidad y conformidad con el estado de las cosas nos hace no mirar nuevas posibilidades.
La seguridad puede ser nuestra peor compañera.
















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Hola
Qué interesante reflexión... ¿cómo se llama el libro?
Slds.
Nombre del Libro
Hola Gabriela:
El Libro se llama la Culpa es de la Vaca y es una compilación de historias.
Saludos,
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Felipe Contreras Haye
http://www.felipecontreras.cl