Pedro Verdugo, mi amigo, socio y compañero de ruta en Gulliver ha escrito el siguiente Post que relata nuestra experiencia en estos años de emprender, y lo encuentro SENCILLAMENTE GENIAL.
Se lo robé pedí prestado para compartirlo con ustedes.
Leonardo Maldonado fundó Gulliver con
ese nombre para honrar no una gesta épica, no una práctica, sino una
actitud: la del que asume que la obsolescencia es un estado casi
permanente. El navegante de la novela de Jonathan Swift
estaba obsoleto no bien se bajaba del barco. Cada viaje suponía dejar
atrás un mundo, un complejo sistema de relaciones sociales, de sentidos
comunes y de condiciones ambientales, para el cual había logrado
aprender estrategias de sobrevivencia. Bajar del barco era siempre
encontrarse con un mundo nuevo y desconocido. Y conforme el misterio
cedía, ese mundo nuevo imponía sus reglas y le obligaba al único
propósito posible: aprender para adaptarse.
Gulliver S.A. ha
sido la empresa más extraña en la que he participado. Tenemos una
oficina elegante en un sector muy agradable de Santiago, pero la
frecuentamos poco. Trabajamos muchas horas diarias, pero nadie está
obligado a las restricciones de un horario. Y tenemos una especie de
regla de oro, que no es una regla, pero que se ha cumplido fielmente en
todos los casos: cada quien estudió una carrera (algunos también un
postgrado) que ya no ejerce. Le creemos tan poco a la definición
universitaria de carrera, que los estudios formales pesan poco en la
decisión de sumar a alguien. Sí pesan mucho, en cambio, el rigor en el
trabajo, el entendimiento de la sociología de la Web 2.0, la propensión
a la colaboración y los talentos poco frecuentes. Tenemos en nuestras
filas un publicista que se dedica al cine, una trabajadora social
experta en comercio exterior, un arquitecto que ha hecho carrera la
consultoría de cambio cultural en grandes empresas, sólo a modo de
ejemplo.
¿Qué tiene que ver eso con la resiliencia? ¡Mucho!
Hace años leí un libro interesantísimo llamado La Empresa Viviente, de Arie de Geus (para un resumen del libro, vean aquí).
Él lideró durante años la planificación estratégica de la Shell Oil
Company, sobre la base de equipos multidisciplinarios para pensar el
mundo del futuro, en el que se congregaban filósofos, artistas,
sociólogos, ingenieros, economistas, etc. El libro cuenta parte de ese
proceso, pero su foco es otro: descubrir qué hace que algunas compañías
sobrevivan por decenas y hasta por centenares de años.
Es un
libro que recomiendo encarecidamente, porque tiene una mirada
sorprendente y lúcida sobre el fenómeno de la resiliencia corporativa.
Entre otras cosas, muestra cómo los objetivos de corto plazo suelen ser
enemigos de la sobrevivencia de largo plazo, a la vez que concluye
poniendo énfasis en el único gran desafío de una compañía con una frase
que se ha hecho famosa:
"la única ventaja competitiva sostenible es la capacidad de aprender más rápido que la competencia".
En
Gulliver, aunque nunca lo hayamos conversado en estos términos, estamos
convencidos de esto. Y buena parte de nuestros esfuerzos tienen que ver
con encarnar un aprendizaje profundo acerca de cómo ciertas prácticas
que propenden el surgimiento de la inteligencia colectiva, se están
poniendo al centro del mundo corporativo y de la sociedad global.
Aún
no somos ninguna gran historia empresarial. No hemos demostrado nada
todavía. Apenas un puñado de proyectos innovadores con un grupo de
clientes fabulosos que han estado disponibles para emprender con
nosotros la aventura de entender (y forjar) el mundo nuevo que se está
develando minuto a minuto.
Pero yo no aspiro a menos que a una
empresa viviente, que en virtud de nuestras pasiones y talentos, y de
nuestra capacidad de convocar a otros –ojalá mejores que nosotros
mismos-, nos sobreviva y haga historia.
El tiempo dirá si tuvimos éxito, por ahora lo estoy pasando genial.















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