Costó aproximadamente 40.000. Tenía que enchufarle una batería, y
para que esto funcionara debía comprar un convertor que traspase la
energía de la batería al amplificador. Así podía contar con un
micrófono absolutamente “unplugged”. Y entonces, como medio canuto, con
micrófono en mano, amplificador transportable, convertor y batería, con
más complejidad que simpleza, iba a la feria para hacer campaña. La
verdad es que toda esta cachaña era el puro gesto, porque, para ser
honesto, al aire libre y en una feria la cagada de amplificador que
tenía poco podía hacer para que mi voz se escuchara más allá del metro
cuadrado. Pero bueno, al menos era un gesto que mostraba decisión de
querer entrar en política, porque la cosa es bien simple, para entrar
en la política tienes que entrar en campaña, no hay otra.
O sea, hacer puerta a puerta, escoger y defender un candidato aunque
tenga defectos, trabajar con quienes no compartes estilos, mamarte
cosas que no estás de acuerdo porque estás de acuerdo en las más
relevantes, y olvidar tus doctorados, porque eres nada más que un voto.
El otro día conversé con un grupo de jóvenes, la mayoría con grandes
proyecciones de estudios en el extranjero, y me decían que en las
campañas hacían falta ideas y que a ellos les gustaría aportar desde
las propuestas. “Claro, ningún problema” –les respondí de inmediato–
“pero necesito una foto tuya en nuestra web, tu nombre al lado y que
vayas al puerta a puerta de este sábado a las 10:00 am en Puente Alto”.

Hasta ahí no más llegaron las ganas de aportar ideas. Y es que hay
una especie de paradoja en mi generación: a muchos nos atrae la idea de
querer “cambiar Chile” desde la política, pero por otro lado ojalá esto
sea con el menor costo posible, que no deje cicatrices, que no me
encasille en algo que después me pueda arrepentir, que no me haga hacer
cosas que no me interesan. Y ahí está el problema, que la política
implica encasillarte, ceder constantemente tus intereses personales y
gustos en función de un proyecto superior. De otra forma no será
posible entenderla ni participar en ella.
Por esto no me compro el discurso del “cambio”, de la “renovación” o
de la “alternancia”, como si estas fueran ideas políticas, cuando en
verdad son conceptos que te permiten optar, pero sin comprometerse y
hacerse cargo con estas preferencias.
Menos me compro la idea de quienes dicen que quieren aportar desde
las “políticas públicas”, pero no desde la política. Es una forma de
ocultar bajo la tecnocracia el temor de comprometerte con una idea
política y de ser también criticado por lo mismo.
Estas son ideas propias de quienes denominaría “los vírgenes”,
aquellos inmaculados sin manchas que con puritanismo caminan por el
mundo criticando las opciones, pero sin pertenecer a nada, y mi
impresión me dice que “los vírgenes” son falsos o no conocen el amor
apasionado.
Extrañamente, “los vírgenes” son formados en el epicentro del
mercado, de ahí conocen la libertad para elegir pero no la libertad de
asumir. Creen que todo es desechable, que la vida se construye
minimizando el costo y que un compromiso que arriesgue demasiado mi
integridad no es conveniente. Es esta lógica de mercado la que cosifica
el mundo para autodenominarnos como “independientes” sin comprometernos
con el resto.
Y aquí viene lo interesante, porque todo este puritanismo, basado en
ideas de hacer política sin asumir costos personales, es similar a lo
que en la televisión es el zapping, o para las relaciones sexuales es
el actual “ponceo”, es decir, ven mucho, tocan mucho, se pasean mucho,
pero no han tenido el placer de ver una película completa de principio
a fin, o vivir el compromiso con una pareja con todo el sufrimiento,
alegría, y la vida misma que esto conlleva.
No es posible hacer política siendo de “los vírgenes”, y
sinceramente tampoco creo que sea posible vivir la vida. La política se
vive hasta el fondo, introducirte en ella, en la gente, en tu país, con
todo el dolor y el gozo que significan al mismo tiempo, esa es la forma
también de cambiarla.
No es casualidad que cuando una pareja busca tener un hijo se dice
típicamente “están en campaña”. De la misma manera, para hacer un
gobierno, influir en el poder e implementar políticas públicas, hay que
“hacer campaña”. No es posible tener un hijo siendo miembro del club de
“los vírgenes”, así como no es posible influir en Chile y su destino
sin comprometerse políticamente.
Esta elección se trata sobre este punto, es el valor del puritanismo
de “los vírgenes”, que no quieren ser llamados de derecha o de
izquierda, que están por el cambio o la alternancia, y olvidan lo que
dijeron o lo que defendieron, versus el valor de quienes asumen la
historia, sus errores y sus logros, y sobre eso quieren seguir
construyendo este país para sencillamente vivir mejor.
Al que le quepa el poncho, que se lo ponga.
Por Sebastián Bowen. Coordinador Campaña Eduardo Frei
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