Muchos me han preguntado acerca de mi opinión con lo que ha estado ocurriendo en la política nacional.
Otros tantos se han interesado por mi opinión personal de Fernando Flores (A ellos les he dicho que pueden buscar lo escrito por mi este blog para saber cuál es mi
opinión del personaje).
Aclaro publicamente que me parece muy bien el camino adoptado por
Fernando Flores, puesto está cuidando un compromiso mayor que la conveninecia personal. Soy concertancionista, es más milito en la DC. Sin embargo, la autocritica, el enmendar rumbos, el recomponer hechos que no nos hacen bien, me parece lo más sano y enriquecedor. La autocrítica produce mejoras significativas ya sea en política, en las empresas y en la vida personal.
Acaso ninguno de nosotros se ha replanteado como podemos ser mejores padres, mejores maridos, como podemos ser mejores hijos ? Y si por querer hacerlo mejor, tenemos que renunciar a ciertos previliegios. Estaríamos dispuestos ?
La superación es una búsqueda humana, es una motivación de mi para con otros. Cualquier acto que de esto se trate lo voy a apoyar.
Además, existe una relación de confianza. Confío en
Fernando Flores.
CONFIAR
Aún cuando mis razones no fuesen los suficientemente convincentes para ustedes, mi actuar va a ocurrir por mis confianzas. De la misma manera como cuando mi mecánico me dice cuál es el problema de mi auto, y yo confío, al igual que cuiando mi doctor me diagnóstica y confío, de la misma manera que en el gimansio confío en lo que mi entrenador me dice. En política, en el pensamiento del Chile Moderno, Desarrollado Emprendedor y Solidario: CONFIO EN FERNANDO FLORES. (quien quiera saber cómo se imagina esta patria, le recomiendo su libro
abrir nuevos mundos, en el están las bases de una nación propspera, colectiva, solidaria y emprendedora)
Quiero compartir con ustedes un
artículo escrito por el destacado economista
Sebastián Edwards.
El texto es el siguiente:
Quién es Fernando Flores
Tras concretar su renuncia al PPD, el senador Fernando Flores está nuevamente en el centro de la atención pública y de las especulaciones sobre sus planes y su futuro político. El economista Sebastián Edwards lo conoce bien y en esta columna entrega sus claves para entender de dónde viene y hacia dónde va el díscolo parlamentario en su cruzada contra la corrupción.
Por Sebastián Edwards.
Durante las últimas semanas, mucha gente que sabe de nuestra amistad me ha preguntado: "¿Quién es, en verdad, Fernando Flores?" Lo que quieren saber es quién es ese hombre grande y moreno que, en una actitud tan inusual entre nuestros políticos, decidió enfrentar a sus propios compañeros de partido, denunciando actos reñidos con la probidad y con la transparencia. ¿Quién es ese talquino, senador por la Primera Región, que habla poco, pero que cuando lo hace dice cosas tan graciosas como profundas? ¿Quién es, en definitiva, este hombre que por respeto a sus principios renunció al PPD, aun cuando ello pueda granjearle profundos sinsabores políticos?
Fernando Flores en Google
Empecemos por lo más fácil: Fernando Flores es un intelectual de primer nivel internacional.
No es un académico -vale decir, no ha enseñado en una universidad de prestigio mundial-, sino que es un intelectual público. Sus ideas sobre lenguaje y gestión administrativa han sido muy influyentes y son discutidas profusamente en el mundo de la gestión, la innovación y los negocios internacionales.
En épocas pasadas, si queríamos saber detalles sobre una persona debíamos recurrir al oscuro mundo de los detectives privados. Se contrataba a un tipo de aspecto siniestro, que fumaba sin parar y vestía un impermeable grasoso, para que hiciera preguntas, escarbara los tarros de basura y tomara fotografías del sujeto de nuestro interés. Hoy en día nada de ello es necesario. Basta con tener una computadora y usar Google, u otra herramienta de búsqueda por internet, para obtener una cantidad extraordinaria de información sobre prácticamente cualquier persona.
Según Google, las ideas de Fernando Flores son importantes, y han sido discutidas en nada menos que 526 libros aparecidos recientemente en el mundo entero. Este es un número enorme; de hecho, mucho mayor que el de la vasta mayoría de los intelectuales y políticos chilenos. Según el mismo Google, Andrés Velasco y sus ideas son discutidos en 195 libros, y Alejandro Foxley en 263. Los números de Flores también son elevados cuando se les compara con los de académicos chilenos que no han entrado -o que aún no entran- en política: 43 libros discuten los trabajos de Eduardo Engel, y 197 analizan las ideas de Ricardo Caballero. Pero eso no es todo: según Google, Flores obtiene, incluso, más referencias que el ex presidente Ricardo Lagos, cuya obra política, profesional y académica es citada en 430 volúmenes.
El poder del lenguaje
Siguiendo la tradición del filósofo John Searle, Flores ha argumentado que el uso claro y exacto del lenguaje es esencial en la vida. Lo genial de Flores fue percatarse de que es posible aumentar la eficiencia de las organizaciones si sus miembros se comprometen a usar las palabras con cuidado y respeto. Un uso preciso del lenguaje reduce lo que el Premio Nobel Douglass North ha llamado "costos de transacción", y que no son otra cosa que el tiempo y esfuerzo que gastamos aclarando lo que queremos decir, y asegurándonos de que nuestro interlocutor -sea éste jefe o subordinado- entendió nuestras palabras. Y cuando estos costos de transacción son más bajos, tanto la eficiencia como la productividad aumentan a pasos acelerados.
Numerosas compañías han usado los métodos de Flores -métodos basados en los conceptos de "compromiso" y "evaluación"- para mejorar su rendimiento y su eficiencia. La internet está repleta de historias y anécdotas sobre sus seminarios. Algunas historias son divertidas, otras iluminadoras, y algunas, incluso, inquietantes. Una que a mí me parece particularmente penetrante se titula, simplemente, "No more bullshit please", lo que se traduce en algo así como "no más mierda, por favor" (http://www.charliehayes.net/nomorebullshit.html).
En un país como el nuestro, obsesionado por los rankings y las listas de personajes "top" -sean éstos tenistas, cantantes de ópera o futbolistas-, el que Flores sea una verdadera figura internacional lo hace, desde ya, controversial. Y es que en Chile ser prominente es un arma de doble filo. Por un lado genera admiración, y por otro, produce envidias y echa a andar la infaltable maquinaria del "chaqueteo".
Mi propio Fernando Flores
Como todos los chilenos de mi generación, supe de la existencia de Fernando Flores a través de la prensa y de la televisión durante el gobierno del doctor Salvador Allende.
Flores fue uno de los ministros más jóvenes de la Unidad Popular, y como tal se ganó el afecto del propio presidente y del entonces comandante en jefe del Ejército, general Carlos Prats González. El 11 de septiembre de 1973, Flores estuvo en La Moneda junto el doctor Allende; a media mañana éste lo envió al Ministerio de Defensa a parlamentar con los amotinados, y ahí Flores fue tomado prisionero. Luego de unos días fue trasladado a la isla Dawson, y posteriormente a Ritoque y Tres Álamos, de donde fue liberado tan sólo en 1976.
Durante los años de la Unidad Popular, Flores tenía una reputación de pragmático, y ya se comentaba su interés por la tecnología y la cibernética. Algunos de los amigos de mi grupo -todos estudiantes universitarios de los primeros años- aseguraban que, bajo la dirección de Flores, y escondidos en unas especies de cavernas secretas, unos genios ingleses preparaban un programa computacional que solucionaría todos los problemas de abastecimiento y escasez que en esa época azotaban al país. Con ello, se rumoreaba, las penurias de la población llegarían a su fin, y el gobierno del doctor Allende seguiría adelante y tendría éxito. Desde luego, nada de eso era verdad; no había cavernas secretas, ni programas computacionales mágicos. Lo que sí era cierto era que Flores había convencido a Stafford Beer, un pionero de la computación, para que viajara al país a estudiar los desafíos de la economía chilena.
Conocí personalmente a Flores en Washington D.C. a mediados de los años 90. Moisés Naím, el editor de la revista Foreign Policy, había formado un grupo de líderes latinoamericanos -el llamado "Grupo de los 50"- y me pidió que les diera una charla. Flores estaba entre el público y durante la reunión habló poco, pero lo que dijo fue muy preciso. Su actitud me recordó la máxima del filósofo vienés Ludwig Wittgenstein, quien dijo: "Si no se puede hablar con claridad, es mejor guardar silencio". Al terminar la charla, intercambiamos algunas palabras y hablamos sobre gente que ambos conocíamos, pero nada en nuestro intercambio fue particularmente memorable.
Volví a verlo algunos años después en una comida organizada por nuestro común amigo, el empresario Ricardo Claro, en la Viña Santa Rita. Fue la primera vez que vi un MP3, en el que Flores tenía almacenados centenares de tangos. Todos los comensales estábamos maravillados, y nos pasábamos el aparatito con incredulidad. Bebimos unos vinos espléndidos, conversamos largo, y nos hicimos amigos. Con el paso del tiempo nos hemos visitado en nuestras casas, en compañía de nuestras familias.
Es verdad que a veces Flores puede ser hosco, e incluso brutal en sus comentarios. Pero nunca es malintencionado. Está siguiendo sus propios principios: hablando claro, siendo transparente, diciendo la verdad, comprometiéndose, y evaluando las acciones de todos, incluso las de él mismo.
Modernidad, probidad y valentía
En esta primera década del siglo XXI, Chile lucha por entrar en el mundo de los países desarrollados y por ser una nación moderna. Y en esta lucha por la modernidad Fernando Flores es uno de nuestros principales soldados.
Y es que Flores entiende que la modernidad es esencialmente democrática. La modernidad es horizontal; los ciudadanos se relacionan entre sí de igual a igual, sin jerarquías ni autoritarismos. La modernidad es innovadora y se refleja en redes informales que se comunican por medio de chat rooms en la internet, o a través de mensajes de texto en los celulares. Esta modernidad se vive a través de los blogs, donde lo único que vale es la calidad de las ideas, la audacia de los proyectos y la sinceridad de los objetivos.
El compromiso que Flores siente por la democracia y la modernidad explica su rechazo a las prácticas políticas vulgares en las que ha caído el país y parte de la Concertación. En particular, Flores se rebela contra el autoritarismo de quienes quieren acallar las ideas diferentes y las disidencias.
Yo no sé si "Chile Primero", el nuevo grupo formado por Flores -grupo al que, aclaro, no pertenezco- se transformará, eventualmente, en un nuevo partido político. Pero lo que sí sé es que aglutinará a un número creciente de chilenos y chilenas que, cansados del oportunismo y la mediocridad de la política tradicional, lucharán por un país mejor, más moderno, más honesto y más transparente.
Al final, cuando el paso del tiempo nos dé la perspectiva necesaria para escribir la historia de estos días, la actitud de Flores, al erguirse contra los abusos y la corrupción, será comentada con admiración. Se le considerará un paso fundamental en los esfuerzos por salvar a la política chilena -y a la Concertación- de caer en el repudio total y en el descrédito generalizado.
Del mismo modo, la historia condenará a los dirigentes del Partido por la Democracia (PPD), que habiendo tenido la oportunidad de transformar al partido en el más grande e influyente del país, optaron por la opacidad, los acuerdos cupulares y la falta de democracia. Al expulsar a Jorge Schaulsohn los dirigentes del PPD prefirieron el pasado antes que el futuro, la nostalgia en vez de la modernidad, y la censura antes que la libertad de opinión.
Un partido progresista no puede acallar las ideas, ni amparar a quienes abusan de la confianza ciudadana y usan medidas fraudulentas para sacarles ventaja a sus adversarios políticos. Un partido que sigue estas prácticas, simplemente, se suicida. Fernando Flores no quiso contribuir a este triste espectáculo. Lo suyo no son los suicidios ni el pasado; lo de Flores es la vida, la innovación y el futuro.
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